Calvinismo y Misiones, parte 5: Implicaciones para las misiones
¿Hay esperanza para el hombre que está más allá del alcance del evangelio?
La teología que tenga alguien acerca de Dios, el hombre y el destino eterno tendrá un poderoso efecto sobre su comportamiento y motivación. Las Escrituras son muy claras y simples: el hombre ya está perdido y condenado al infierno porque él nunca escuchó y/o creyó en la obra redentora de Cristo en la Cruz; la única esperanza para estas personas es que alguien que conoce el evangelio esté dispuesto a ir, encontrarlos y compartirles las “buenas noticias” para que todo aquel que quiera pueda creer y ser salvo. Dios tendría a cada grupo de personas sobre la tierra con esta opción concedida, si su pueblo tuviera una preocupación por los perdidos como la que tiene Él. (Mateo 24:14). ¿Qué pasa con aquellos que nunca han oído? El Dr.Todd Magnum, Decano de la Facultad y Profesor Asociado de Teología en el Seminario Teológico de la Biblia, está convencido que de acuerdo a la fe reformada hay esperanza para las personas más allá del alcance del evangelio en el día de hoy. Él escribió:
“Yo sostendré que la plena seguridad de la salvación en la presente dispensación está reservada para aquellos que, por el poder divino, se abrazan totalmente a Jesucristo (cognitiva, afectiva y volitivamente), habiendo llegado a una comprensión de la relación salvífica con Dios hecha accesible a ellos a través de la obra expiatoria de Jesucristo en la cruz, los cuales son plenamente asimilados a la comunidad del pacto del pueblo de Dios. Debido a que la plena seguridad de la salvación está reservada para estas personas, los esfuerzos misioneros deberían continuar con el pleno apoyo de la comunidad del pacto con el fin de llevar el evangelio a aquellos que nunca han escuchado su mensaje único. Sin embargo, también sostendré que la Escritura no impide nuestra especulación ni desalienta completamente nuestra esperanza de salvación de algunos que nunca han sido confrontados con las demandas explícitas del Evangelio. Dios puede, a través de medios extraordinarios, aunque plenamente sobre la base de la cruz expiatoria de Cristo hacer el trabajo, conseguir la salvación de algunos que se les niega (epistemológicamente) la plena seguridad de su salvación. Concretamente, afirmaré que Dios puede alcanzar a algunos de ellos: (1) a través de la revelación general (acompañada de una capacidad extraordinaria para discernir sus verdades, que sólo el Espíritu Santo podría proporcionar) y/o (2) a través de una expansión extraordinaria de los parámetros de la comunidad del pacto.” (Mangum, 2004, p. 125).
Si uno se aferra a la doctrina de una gracia irresistible por la cual Dios arbitrariamente puede regenerar a gente que nunca ha escuchado, o tal vez nunca pueda escuchar el mensaje del evangelio, entonces Dios “a través de medios extraordinarios ” podría regenerarlos y hacer que ellos pasen a formar parte de los elegidos. Ya que este pensamiento es deducir de una situación hipotética a otra para construir algo de esperanza donde no hay ninguna, es lógico para Mangum decir: “Yo creo que hay una manera reformada de plantear la cuestión con la que los inclusivistas han estado tan preocupados… podríamos hacer la pregunta de esta manera: “Si Dios tiene a sus elegidos en las partes más remotas del mundo, ¿podría utilizar la revelación general para llegar a ellos?” Dicho así, me parece que la respuesta de un pensador Reformado tendría que ser más ambivalente. ” (Mangum, 2004, pp 126-27)
A medida que el argumento especulativo sigue con la lógica entrenada de un teólogo, Mangum prosigue a construir su caso para la salvación de los no alcanzados:
“Por supuesto, la gente en las partes remotas del mundo no va a responder a la revelación a la cual están expuestos a menos que el Espíritu Santo obre en su mente y corazón en una manera extraordinaria. ¿Pero no es esto verdad en cualquier caso? Todos los pensadores reformados reconocen que, a menos que el Espíritu Santo invalide, sustituya y transforme la voluntad humana depravada, ni uno responderá. La verdadera cuestión es si Dios necesita revelación especial para hacer esta obra. Teniendo en cuenta la cantidad de “información” suficiente dada en la revelación general, no es inverosímil pensar que, dada una obra milagrosa en la mente y corazón de una persona en una zona remota del mundo, esa persona podría responder a la información que tiene” (Mangum, 2004, p. 127).
Si la revelación general de la naturaleza y la observación humana llevan a una persona a la conclusión de que hay un Dios que es todopoderoso y personal, ¿podría el Espíritu Santo tomar esa conciencia como el primer paso en la regeneración? Así es como Mangum especula sobre esta posibilidad:
“¿Qué pasa si una persona nunca escucha el evangelio, pero, por un actividad especial del Espíritu Santo (sin saberlo, por supuesto) en su mente, corazón y voluntad, se da causa a lo largo de su vida a estar más y más inquieto con las presuposiciones paganas y las suposiciones de la falsa religión que dominan la cultura en la que nació? ¿Yque si él, quizá en privado, quizá a tientas, con el conocimiento limitado y falible que tiene, empieza a buscar y adorar a Dios detrás de su malestar, su incomodidad y sus preguntas? ¿Es posible que él pueda encontrar, al morir, que el Dios que él ha buscado y adorado, no obstante torpe e inadecuadamente, no era otro que Jehová, que, por el poder de una expiación provista en un plan Trinitario de reconciliación acerca del cual él era completamente ajeno durante su vida, ha establecido una relación con él, una relación que ahora continuará en la eternidad como la de hijo a Padre? ¿Es esto posible? Quizá. No lo sabemos, es la respuesta bíblica correcta.” (Mangum, 2004, p. 130).
Otro rayo de esperanza para los perdidos aparte de ir a ellos con el mensaje del evangelio sería defender o “dar fe” de algunos que estaban fuera de la iglesia. Una vez más notemos cuán fácil que es para el filósofo que deduce lógicamente ahondar en la especulación, donde las Escrituras no dan en absoluto tal revelación:
“Sabemos que los creyentes participan en los juicios (1Co. 6:2, Ap. 2:26 27; 3:21; 20:4). ¿Qué pasa si nuestro papel en estos juicios es mayor de lo que hemos imaginado? ¿Es posible que los creyentes tendrán la oportunidad de “responder por” algunos de aquellos que no se unieron de forma explícita a la comunidad del pacto mientras estaban en la tierra, pero que son recibidos en la comunidad del pacto en la eternidad por los miembros del pacto hacia quienes ellos mostraron afiliación por sus favores hacia ellos? Si tal es el caso realmente se ajustaría muy bien al patrón de cómo Dios ha operado en el pasado. Tal extraordinaria expansión de los parámetros de los márgenes de la comunidad del pacto sería coherente con el tipo de extensiones de su gracia que Dios ha aprobado antes.
Por lo tanto, no sería demasiado sorprendente que Dios esté complacido en el juicio para otorgar su gracia indirectamente a aquellos “que no eran su pueblo ” a través de aquellos de su pueblo a quienes Él, en esta vida, manifestó su gracia directamente. Dicha extensión no sería algo no planeado por Dios; como Mateo 25:34 deja en claro, los receptores de tal “gracia indirecta” estarían heredando “el reino preparado para [vosotros] antes de la fundación del mundo”. Tal ampliación de gracia podría muy bien sorprender a muchos del pueblo de Dios.” (Mangum, 2004, p. 134).
Algunos autores son demasiado rápidos para ir mas allá de la revelación, especulando sobre lo que ellos piensan que Dios va a hacer en lo que concierne a los perdidos de entre los pueblos no alcanzados del mundo, sin embargo pocos son críticos al respecto ya que estos teólogos son supuestos de estar en lo correcto. Es impresionante hasta qué punto llegan algunos para evitar el problema de nuestra obligación de entregar nuestras vidas para ir a ganar a los perdidos del mundo para Cristo. En lugar de evangelizar a los perdidos, ahora “daremos fe” por ellos en el juicio que se supone que está a nuestro cargo.
“Nosotros no sabemos acerca de aquellos que nunca fueron expuestos a una presentación explícita del mensaje del evangelio. Dios nos ha dado cierto margen para especular aquí. Nosotros no sabemos lo que Él hará, aunque se nos ha dado algunos motivos para tener expectativas tanto pesimistas como optimistas. Él nos llamasimplemente a confiar en Él; y no está pidiendo demasiado de nosotros, sea lo que sea que Él decida”. (Mangum, 2004,p. 136).
¿Qué es lo que no “sabemos”? Las Escrituras son asombrosamente claras: “el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). No hay tal cosa para el incrédulo como el pasar por alto la regeneración, o que somos más compasivos que Dios de modo que podemos “responder o dar fe por” los que no son salvos. Su única esperanza es un predicador que vaya a ellos con el claro mensaje del evangelio y los desafíe a creer en el poder del Espíritu invitándolos a que invoquen a Dios para que sea su Señor y Salvador (Romanos 10:14).
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